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Aprender de los errores

Noruega decidió que cada niño tuviera una tableta electrónica apenas entrara al colegio. El resultado: un fuerte descenso en los índices de comprensión lectora y en el placer mismo de leer.

hace 7 horas
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  • Aprender de los errores

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

Como nación rica y avanzada que es, hace diez años Noruega decidió que cada niño tuviera una tableta electrónica apenas entrara al colegio. El resultado: un fuerte descenso en los índices de comprensión lectora y en el placer mismo de leer. Ahora, en un ejercicio de contrición pública, la exministra de Cultura y Educación Trine Skei Grande ha confesado que fue una decisión absurda y que “somos demasiado ricos, así que hacemos cosas estúpidas con el dinero”.

Y es que el panorama detectado una década después de este experimento es bastante preocupante. Medio millón de noruegos –un 10%– leen tan mal que apenas pueden entender un mensaje de texto o un manual de instrucciones, y uno de cada cinco niños no puede ni leer los subtítulos de una película. En un país pequeño cuya historia depende de la lengua, el vocabulario de esa generación digital quedó reducido a 17.000 palabras que no les sirven para expresarse bien.

Es pasmoso ver cómo los niños noruegos, que estaban entre los mejores lectores del mundo, han ido reduciendo esa capacidad al punto que hoy 15.000 alumnos acaban el colegio sin ser capaces de leer bien. Más patente no puede ser el daño. Ese gran experimento noruego demuestra lo rápido y nocivo que puede ser el entregar mentes jóvenes a la tecnología digital, saltándose procesos básicos y más tradicionales que han funcionado muy bien durante cientos de años.

Por fortuna, el ejercicio catártico de Grande, que hoy dirige la Asociación de Editores Noruegos, ha dado paso a que el gobierno se sacuda e intente remontar la situación con una serie de medidas interesantes. La primera y más obvia es dedicar más tiempo a la lectura en clase. Luego está otra vital que se extiende por el mundo y es prohibir la entrada de celulares a las aulas. Y después viene otra muy enriquecedora que es invitar autores a los colegios, lo que permite interactuar con ellos, hacer preguntas sobre sus obras y profundizar sin darse cuenta en el valioso oficio de la escritura.

También han lanzado un programa cuya perspectiva es más a largo plazo, pero que tiene condiciones para ser exitoso. Se llama Boklek (Juego de libros), combina aprendizaje y juego, y prioriza el espacio de las bibliotecas no solo para la lectura, sino para que los más pequeños se lo pasen bien leyendo. Inclusive hay dos bibliotecas para niños de 10 a 15 años en las que está prohibida la entrada de adultos.

Los bibliotecólogos se dieron cuenta de que a partir de los 13 años muchos jóvenes dejaban de ir y no volvían hasta que eran padres. Una generación de lectores se perdía en ese lapso, así que ahora están promoviendo actividades juveniles creadas por jóvenes, como sesiones de ajedrez, de rap o de patinaje e incluso limpieza de zapatos tenis. En solo un año, la biblioteca central de Oslo logró incorporar 6.000 jóvenes como usuarios, y poco a poco los préstamos juveniles han ido creciendo.

Por fortuna los noruegos están aprendiendo de sus errores, y sirven de ejemplo para otros “innovadores” que por querer ir de vanguardistas arrastran a muchos a la caverna.

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