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Hablar “como rico” abre más puertas para conseguir empleo en Colombia, revela estudio

Un experimento con 6.000 adultos colombianos demostró que el acento de clase alta aumenta hasta 19,3 puntos porcentuales la probabilidad de recibir una oferta de empleo, independientemente del ingreso o la educación del candidato.

  • Investigadores revelan que el acento es un capital sociocultural en Colombia, definiendo quién consigue empleo y mejores socios comerciales por prejuicios de clase. FOTO: Getty.
    Investigadores revelan que el acento es un capital sociocultural en Colombia, definiendo quién consigue empleo y mejores socios comerciales por prejuicios de clase. FOTO: Getty.
hace 44 minutos
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Imagine dos personas. Tienen el mismo nivel educativo, el mismo ingreso, las mismas habilidades. Una habla y suena a estrato cinco. La otra suena a estrato dos. Eso, según una nueva investigación de la Universidad de los Andes, basta para que el mundo las trate de manera radicalmente distinta.

El estudio Accents as Capital (Los acentos como capital), publicado en enero de 2026 y actualizado en abril como Documento CEDE número 1 del año, mide por primera vez en Colombia cuánto vale, en términos económicos y sociales, la forma en que un colombiano pronuncia las palabras.

Leopoldo Fergusson, Natalia Garbiras-Díaz y Michael Weintraub, economistas y líderes de la investigación, se propusieron responder si la entonación y el ritmo del habla moldean nuestras interacciones sociales y económicas.

Para ello, diseñaron un experimento con más de 6.000 adultos en Bogotá, utilizando actores de voz que grabaron presentaciones personales con acentos asociados sociológicamente a la clase alta y baja. La clave del diseño es que el ingreso, la educación y la experiencia de cada perfil se asignaron al azar, de manera independiente del acento.

Así, los investigadores lograron aislar el efecto puro de cómo suena alguien, sin que otros factores lo contaminen. El resultado lo llamaron “premio al acento”.

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¿Cómo influye el acento en las oportunidades de trabajo en Bogotá?

El experimento fue riguroso para evitar sesgos. A través de anuncios en Facebook e Instagram, que costaron en promedio menos de US$15 por encuesta completada en los estratos más difíciles de alcanzar, los investigadores captaron una muestra representativa de la capital.

Los participantes escucharon audios de 10 a 15 segundos donde los perfiles describían su personalidad basándose en el modelo de los “Cinco Grandes” (apertura, amabilidad, conciencia, extraversión y estabilidad emocional).

Mientras el acento variaba aleatoriamente entre “clase alta” y “clase baja”, otros atributos como el ingreso (desde menos de 1,1 millones hasta más de 6,8 millones de pesos) y la educación (desde primaria hasta posgrado) se asignaron de forma independiente.

Los resultados son reveladores: “los perfiles con este acento (de clase alta) se perciben como más empáticos, confiables y empleables”. En términos numéricos, los hablantes con acento de élite tienen entre 12,6 y 15,1 puntos porcentuales más de probabilidad de ser elegidos como amigos, socios comerciales, colegas o jefes.

Así las cosas, una persona con acento de clase alta tiene, frente a una con acento de clase baja 16,1 puntos porcentuales más de probabilidad de ser percibida como confiable. 14,6 puntos más de probabilidad de ser elegida como amiga.

También tiene 15,1 puntos más de probabilidad de ser preferida como colega de trabajo. 13,4 puntos más de probabilidad de ser escogida como socia de negocios. 12,6 puntos más de probabilidad de ser vista como un posible jefe. Y 19,3 puntos más de probabilidad de recibir una oferta de empleo.

En ese orden, los autores demostraron que el acento tiene un impacto directo que no se explica simplemente por la inferencia de que alguien con ese acento “debe ser educado” o “debe tener dinero”.

No es el dinero. No es la educación. ¿Entonces qué es?

La pregunta que se hicieron en la investigación es si la gente simplemente infiere el nivel socioeconómico a través del acento, es decir, oye un acento fino y asume que la persona es rica y educada, y por eso la prefiere.

Los investigadores lo probaron de varias maneras, omitiendo información de ingreso o educación en algunas versiones del experimento.

El efecto directo del acento sobre casi todos los resultados sigue siendo positivo y significativo incluso cuando se mantiene el ingreso o la educación constantes. Dicho de otro modo, el acento hace algo que ni el dinero ni el título universitario hacen solos.

¿Qué señala entonces? Los autores apuntan al capital social y cultural. Fergusson lo explicó así al publicar los hallazgos: “el acento de clase alta eleva tanto las evaluaciones en el lugar de trabajo como las interpersonales, mientras que el ingreso o la educación elevados mejoran las percepciones laborales pero a veces perjudican la calidez social percibida. El acento, en cambio, lo hace todo al mismo tiempo”.

Los participantes del experimento asociaron el acento de clase alta con redes sociales más influyentes, gustos de ocio y música de clase alta, y con la expectativa de recibir un trato deferente. En palabras de los investigadores, “los acentos funcionan como una forma de capital, señales culturalmente específicas que abren y cierran puertas”.

Así las cosas, curiosamente, el estudio anota que un ingreso muy alto o una educación de posgrado a veces reducen la percepción de empatía, pero un acento de clase alta siempre la sube.

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Los ricos discriminan más que los pobres

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es que el premio al acento no afecta a todos por igual. Los evaluadores de nivel socioeconómico alto discriminan con mucha mayor intensidad que los de nivel bajo.

Entre encuestados de bajo nivel socioeconómico, el efecto del acento de clase alta sobre la confianza percibida, la preferencia como compañero de trabajo y las expectativas de ascenso laboral ya es grande, entre 15 y 20 puntos porcentuales.

Entre los de alto nivel socioeconómico, ese mismo efecto es casi 10 a 16 puntos mayor todavía.

El estudio llama a esto favoritismo intragrupal, es decir, los que ya están arriba prefieren con mucha más fuerza a quienes suenan como ellos. Como los puestos de trabajo de mayor jerarquía los ocupan precisamente personas de alto nivel socioeconómico, esto convierte el acento en un mecanismo de reproducción del privilegio. Son los ricos quienes actúan como porteros.

¿Por qué el acento pesa más que el salario en una entrevista de trabajo?

Fergusson y su equipo argumentan que el acento funciona como una forma de capital sociocultural, señales lingüísticas que reproducen jerarquías sociales.

En una sociedad tan estratificada como la colombiana, donde el sistema de estratos (del 1 al 6) se ha convertido en un marcador social rígido, el habla actúa como una barrera de entrada temprana. Como bien señalan los autores, los acentos son “mecanismos a través de los cuales el estatus socioeconómico se reproduce”, independientemente de las cualificaciones formales.

Este fenómeno se agrava por el “favoritismo intragrupal”. El estudio encontró que la prima por el acento de clase alta es significativamente mayor entre los encuestados de alto nivel socioeconómico.

Los que están en la cima actúan como “porteros”, favoreciendo a quienes suenan como ellos, lo que refuerza las barreras a la movilidad social y socava la igualdad de oportunidades.

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Esto demuestra dos cosas. Primero, que las señales de clase en el acento son culturalmente específicas, funcionan porque fueron aprendidas en el mismo ambiente social en que viven los evaluadores. Segundo, que el acento no es un marcador universal de “profesionalismo” o “confianza”, sino un código local.

El estudio también exploró cómo el lenguaje refuerza la jerarquía a través de un experimento con cartas de oferta laboral.

Los participantes creían que las cartas redactadas con un lenguaje formal y deferente (usando “usted” en lugar de “tú” y saludos protocolarios) tenían mucha más probabilidad de ir dirigidas a perfiles con acento de clase alta (un aumento de 25,5 puntos porcentuales).

Esto confirma la existencia de una “segregación por sonido”, donde el trato respetuoso se distribuye según cómo suena el interlocutor.

La desigualdad en Colombia, uno de los países más desiguales del mundo, con un sistema de estratificación que marca físicamente los barrios y los recibos de servicios públicos, no solo se reproduce a través de quién tiene más dinero o más años de escuela. También se reproduce a través de cómo habla la gente.

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