El teólogo e investigador Camilo Galvis, más conocido en Instagram como El Profe Camilo, –@teologiaconelprofecamilo– cuenta, cada vez que da una cátedra, que para estudiar la vida de Jesús hay que poner sobre la mesa tres hipótesis: “Si nos abstraemos del fenómeno religioso que trae consigo Jesús, que son 2.000 años de civilización, estamos hablando de un lunático, un hombre que no existió o de un ser humano verdaderamente genial”.
De Jesús dicen los historiadores que vivió aproximadamente 35 años, en el siglo I, en lo que hoy es Palestina. El estudio académico y crítico sobre su existencia se hizo fuerte a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Pero, aclara El Profe Camilo, los testimonios sobre su existencia datan del siglo I con los relatos de dos historiadores, Cornelio Tácito (c. 55-120 d.C.), quien menciona a Jesús y el origen del cristianismo en sus Anales (escritos hacia el 116 d.C.) y Flavio Josefo (c. 37-100 d.C.) en sus obras Antigüedades judías y La guerra de los judíos, que son textos claves para entender el siglo I y el contexto de Jesús.
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En el libro Jesús de Nazareth, nada es lo que parece, del polémico escritor J.J. Benítez, se responden preguntas de sus lectores sobre la vida de Jesús según sus investigaciones. Allí se asegura que “Jesús sí existió” y detalla cómo al margen de las fuentes cristianas están estos historiadores -Tácito y Flavio Josefo-, pero además cita a Suetonio (en el siglo II), de quien se encuentran referencias al “maestro” en una carta del gobernador de Asia Menor, Plinio el Joven, al emperador Trajano (año 110 d. C). “Además puedo asegurar que Tácito no era seguidor del Maestro”, escribió.
Pero es claro que fueron los Evangelios los que dieron luces de la vida de Jesús, el personaje clave de este Domingo de Resurrección, la celebración más importante del cristianismo, que conmemora el regreso de Jesús a la vida al tercer día de su crucifixión.
El mismo Papa Benedicto XVI se dedicó a estudiar la vida de Jesús y en mayo de 2017 publicó su libro Jesús de Nazareth, un texto en el que Joseph Ratzinger reflexiona sobre la figura de Jesucristo en calidad de teólogo. “En mis tiempos de juventud –años treina y cuarenta– había toda una serie de obras fascinantes sobre Jesús: las de Karl Adam, Romano Guardini, Franzs Michel Willam, Giovanni Papini, Daniel-Rops, por mencionar solo algunas”. Aquí corrobora que todos estos autores presentaron la figura de Jesús a partir de los Evangelios.
“En los años cincuenta comenzó a cambiar la situación. La grieta entre el ‘Jesús histórico’ y el ‘Cristo de fe’ se hizo cada vez más profunda; a ojos vistas se alejaban uno de otro”.
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Explica el propio Benedicto XVI que los avances de la investigación histórico-crítica llevaron a distinciones cada vez más sutiles entre los diversos estratos de la tradición.
Ratzinger habla también del exegeta católico de habla alemana –quizá el más importante de la segunda mitad del siglo XX– Rudolf Schnackenburg, quien en su última gran obra, La persona de Jesucristo reflejada en los cuatro Evangelios, concluye que a pesar de los esfuerzos de la investigación con métodos histórico-críticos no se logra, o se logra de modo insuficiente, “una visión fiable de la figura histórica de Jesús de Nazareth”. Pero Schnackenburg “ha dejado claro como dato verdaderamente histórico el punto decisivo: el ser de Jesús relativo a Dios y su unión con él (...) Este es el punto de apoyo sobre el que se basa mi libro: considera a Jesús a partir de su comunión con el padre”, escribió el fallecido Papa, quien insistió que trató de ir más allá del citado autor alemán en la elaboración de su libro: “El método histórico es y sigue siendo una dimensión del trabajo exegético a la que no se puede renunciar. En efecto, para la fe bíblica es fundamental referirse a hechos históricos reales. Ella no cuenta leyendas como símbolos de verdades que van más allá de la historia, sino que se basa en la historia ocurrida sobre la faz de esta tierra”, detalló Ratzinger.
El Profe Camilo revive entonces la encrucijada más grande de la historia: “La afirmación de que el Dios del universo se encarnó, murió y resucitó en un pequeño planeta es la idea más salvaje y disruptiva de la humanidad”, pero con los años ha tenido cimientos históricos tan poderosos como “los cerca de 25.000 manuscritos del Nuevo Testamento, los primeros historiadores mencionados y la suma de hallazgos arqueológicos como el osario del sumo sacerdote Caifás y la Piedra de Pilato y más”.
Y no hay que negar, como dice otro escritor, Antonio Piñero, catedrático emérito de Filología Griega de la U. Complutense de Madrid y especialista en literatura del cristianismo primitivo, que hay también textos más dados a la reconstrucción fantástica de los huecos dejados por la historia y que por eso son más “fiables los evangelios canónicos”.
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Aclara también Piñero en el epílogo de su libro Jesús de Nazareth, el hombre de las cien caras, que la razón para no atribuirles valor histórico a algunos textos de la vida de Jesús son su “escritura tardía”.
“Habían pasado ya tantos años desde la muerte de Jesús, que de los años de su vida oculta no quedaba ningún testimonio fiable, entre otras razones porque no se empezaron a recoger noticias sobre él sino después de su muerte, y especialmente cuando se afianzó su culto como persona divina, trascendental para la salvación de la humanidad”.
Detalla Piñero que hubo una gran “batalla” por la imagen del Jesús “canónico” que se dio entre los diversos grupos de cristianos desde el mismo momento en el que empezaron a difundirse los evangelios y los hechos de los apóstoles tardíos (desde la mitad del siglo I y sobre todo en el siglo II).
De los análisis de los Evangelios hay tantos libros y estudios como miles de años han pasado. Teóricos y teólogos de Alemania, Francia, España, Italia, Grecia y más países se han dedicado a estudiar no solo los Evangelios sino las teorías, los textos apócrifos (los ocultos, que no fueron incluidos en la Biblia), los primeros historiadores y lo que ha ido apareciendo con los años, como los textos gnósticos hallados en Nag Hammadi, Egipto, en 1945.
Sobre esa búsqueda de la figura histórica de Jesús, Mauro Pesce, historiador de la Universidad de Bolonia, historiador del cristianismo y experto en la Biblia, dijo en un diálogo con el periodista Corrado Augias –que luego se volvió libro en 2009, llamado Investigación sobre Jesús, ¿quién era el hombre que cambió el mundo?–, que justamente desde los años 80 se dieron grandes cambios en la investigación sobre Jesús y los orígenes cristianos. “Se han publicado decenas de libros importantes sobre su figura histórica y miles de aportaciones científicas”; y añadió que está convencido de que la investigación histórica rigurosa no se aparta de la fe, “pero tampoco se acerca a ella. Una cosa es buscar a Jesús para obtener beneficios de salvación o, al contrario, para criticar la fe de las iglesias y oponerse a ella; y otra cosa muy distinta tratar de conocer históricamente lo que Jesús dijo, hizo, experimentó y creyó”.
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Finalmente, Pesce recomienda leer síntesis históricas serias. “Es preciso consultar todos los evangelios como textos independientes, a sabiendas de que cada uno transmite una visión distinta de los hechos”. Recomienda, además, estudiar el comentario de François Bovon sobre el Evangelio de Lucas -una de las obras exegéticas más completas y reconocidas en el ámbito académico contemporáneo-. Los comentarios del ya mencionado por Benedicto XVI, Rudolf Schnackenburg, al Evangelio de Juan. Los de Joachim Gnilka al Evangelio de Mateo y los de R. Pesch al Evangelio de Marcos.
Estos últimos textos también han creado contraste, criticas y más investigaciones, porque de este tema y sobre Jesús, al parecer, los estudios no tienen fin.
Jesús y las investigaciones científicas y arqueológicas
Son varios los hechos científicos y arqueológicos que más allá de los textos se han dedicado a verificar la existencia de ese ser que para algunos es una leyenda. En el transcurso de la historia se han hecho excavaciones en Tierra Santa, que, como detallaron varias investigaciones de National Geographic, han intentado discernir entre lo real y lo ficticio.
El Profe Camilo cita, por ejemplo, las “reliquias” que se encontraron, que se han estudiado con todas las técnicas científicas posibles y que hoy reposan resguardadas como tesoros: la Sábana Santa que se encuentra en la Catedral de San Juan Bautista en Turín, Italia, y el Sudario de Oviedo se que se conserva en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador en Oviedo, en España.
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“La historia de la Sábana Santa es muy interesante porque desde lo científico se comprobó que perteneció al siglo I”, detalla El Profe Camilo.
La famosa Sábana Santa de Turín, que mide 4,4 x 1,1 metros, conserva la tenue imagen de un hombre que parece presentar una serie de heridas causadas por una severa flagelación, y otras provocadas por clavos y una corona de espinas. Durante muchos siglos ha existido la creencia de que esta sábana envolvió el cuerpo de Cristo, sin embargo su origen ha estado siempre envuelto en la polémica desde que se tiene noticia de ella en el siglo XVI. La Sábana Santa ha sido motivo en tiempos modernos de diversos estudios, como el que se llevó a cabo en 1989 y en el que una datación por carbono-14 situó el origen del Santo Sudario entre los años 1260 y 1390, en plena Edad Media.
Los resultados de esas investigaciones fueron cuestionados por la poca fidelidad del carbono-14 en otras pruebas y por estudios posteriores como el del físico italiano Paolo Di Lazzaro, quien publicó en 2011, en una revista revisada por pares, sus experimentos con láseres ultravioleta de alta intensidad en los que concluyó que la imagen de la sábana sería el resultado de una potente luz. Detalló que, para reproducir la imagen del sudario que se conoce hoy, se necesitarían 14.000 láseres disparándose al mismo tiempo y “vale la pena recordar que los láseres no se inventaron sino hasta 1946, así que algo de esa naturaleza en la época medieval o incluso en el siglo I no era posible”, explicó Barrie Schwortz, fotógrafo e integrante del proyecto de investigación del Sudario de Turín en el documental que sobre la Sábana Santa realizó History Channel.
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Por otro lado, en 2015 fue noticia que el equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (Edices), en colaboración con la Universidad Católica de Murcia (Ucam), confirmaron que el Sudario de Oviedo (que mide 84 cm de largo por 53 cm de ancho), el pañuelo de lino que envolvió la cabeza de Jesucristo después de su Pasión, contiene el mismo tipo de polen que el Sudario de Turín.
La celebración del Domingo de Resurrección
Quizá el cambio más significativo que ha tenido este día se condensa en el Concilio Vaticano II, que revitalizó el Domingo de Resurrección centrando la liturgia en la alegría pascual, no solo en la muerte.
Pero la esencia de esta celebración es la misma, explica el Profe Camilo: “De hecho es la celebración de ese triunfo de Jesús sobre la muerte y el mal. Es en torno a esa Pascua del Señor, que es el paso del pecado y de mal, al bien, al cielo y a la gloria que se conmemora este día”.
Detallan desde el Vaticano que durante el Sábado Santo, en la Iglesia no hay celebraciones. “En la Edad Media, un pensamiento erróneo llevó a anticipar la Vigilia Pascual a las primeras horas de la mañana del Sábado Santo. El Papa Pío XII, en 1951 y 1955, restableció el antiguo orden, que luego sería retomado en el nuevo Misal de 1970. En esta noche santísima la Iglesia espera, velando, la resurrección de Cristo, y la celebra con los sacramentos”.
Y concluyen que el Domingo de Pascua se celebra ya desde la noche del sábado y que las Misas del día de Pascua son una prolongación de esta alegría, de este asombro de la resurrección de Jesús.
Y todo esto se conmemora en un hombre que vivió hace más de 2.000 años y del que aún se sigue investigando su vida. El Profe Camilo trae a colación de nuevo la tesis inicial y concluye que, en definitiva, Jesús existió y fue un hombre excepcional, “sería una locura haber establecido una ideología o una filosofía de vida en función de un hombre que nunca existió”, concluyó.
Algunos libros recomendados
Jesús de Nazareth
Este libro en el que Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, trabajó por años estudia la vida de Jesús, recopila y explica los momentos más significativos.
Investigación sobre Jesús
Una investigación para esclarecer el Jesús histórico a la luz de los nuevos hallazgos. Sus autores son Corrado Augias y Mauro Pesce.
Un judío marginal
La obra del fallecido sacerdote y estudioso bíblico norteamericano, John P. Meier, que trae varios tomos y es una de las más exhaustivas que analiza a Jesús en su contexto judío.
Aproximación al Jesús histórico
Libro de Antonio Piñeros que presenta los métodos usados por la ciencia histórica para llegar a las primeras fuentes sobre Jesús.