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Altares: un homenaje a la vida y obra de Jaime Arango Correa

La exposición se inaugura este miércoles y estará abierta hasta el 18 de julio en el Museo de la Universidad de Antioquia. La entrada es libre.

  • La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto Manuel Saldarriaga.
    La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto Manuel Saldarriaga.
  • La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto Manuel Saldarriaga.
    La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto Manuel Saldarriaga.
Sara Kapkin

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hace 5 horas
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Este miércoles 15 de abril, el mismo día que se celebra el Día Mundial del Arte y se cumple un año de la muerte de Jaime Arango Correa, se inaugura Altares, una exposición que conmemora su trayectoria artística, es decir, su búsqueda de libertad.

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La muestra, que estará en el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia (MUUA) hasta el 18 de julio, reúne 27 obras, algunas de ellas inéditas, que recorren más de cuatro décadas de creación y exploración.

“A lo largo de su vida, el artista se fue distanciando de sistemas –educativos, religiosos y artísticos– que percibía como limitaciones para su práctica. En ese proceso de desplazamiento fue configurando un método propio: una relación directa consigo mismo, con la materia, con el espectador, en la que los materiales se someten a dinámicas de transformación y resistencia”, dice el texto curatorial de la exposición.

Jaime Arango Correa nació en Armenia en 1953, empezó su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de Medellín y cursando dibujo publicitario en el Sena. En 1979 viajó a España para continuar sus estudios, primero con el Grupo Experimental de Barcelona y luego en el Taller Libre de Bellas Artes de Madrid.

A su regreso al país empieza a explorar la abstracción, pero no lo hace de manera definitiva hasta los años 90. Sofía, su hija, recuerda que fue en el taller de Usaquén que su padre hizo sus primeras obras abstractas, que apenas las tuvo listas llamó a su esposa y se las mostró. Eran cuadros hechos con arena, con toallas viejas, desechos y colores tierra. Sofía recuerda el desconcierto de su mamá al ver las obras –ella sabía que vivir del arte iba a ser difícil, pero si era abstracto iba a ser mucho peor– pero también la firmeza para respaldarlo.

La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto<b> </b>Manuel Saldarriaga.
La exposición reúne 27 obras, pero también entrevistas a Jaime y a sus estudiantes donde se puede conocer su trabajo con mayor profundidad. Foto Manuel Saldarriaga.

Desde entonces Jaime se metió de lleno en lo abstracto, se alejo de los circuitos tradicionales del arte y se concentró en crear y formar artistas.

Aún estando al margen de los circuitos tradicionales del arte, Jaime se convirtió en una figura clave del informalismo abstracto en Colombia.

–Él no producía como respuesta a un mercado, producía como respuesta a una necesidad de su alma. Su obra no es un producto, es un pedazo de su ser –dice Lucía Arango Liévano, curadora de la exposición.

El recorrido que plantea la exposición empieza con una de las primeras obras abstracatas, Esfera (1990) y se va desplegando a través de obras como Silla Negra, la Serie T y la Serie Sacra que dan cuenta de cómo fue configurando ese método propio hasta llegar a una selección de su última serie Templos de arena, donde Arango Correa empieza incorporar sus herramientas a sus obras, así, pinceles, butacos, telas y hasta las latas de atún que se comía terminaron siendo parte de sus cuadros. Sofía entiende esta decisión como un gesto de despedida de su padre.

Jaime Arango Correa tuvo una relación cercana con la muerte desde pequeño. A los dos años perdió a su papá, a los 36 a su padrastro y a lo largo de su vida, hubo varias muertes más que lo impactaron muchísimo.

–Ese contacto con la pérdida y con la muerte está conectado con esa búsqueda espiritual, del más allá, de lo esencial, y se ve también en esa necesidad de abstraer, de llegar a la esencia de las cosas, de la forma, de la materia, de lo sacro. Las muertes, paradójicamente, fueron esenciales para su producción artística –dice Sofía, que ha hecho parte de su duelo trabajando en el montaje de la exposición.

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Altares. Mirar, Sentir y solo entonces Pensar, es una conmemoración de la Jaime, es una forma de traerlo de nuevo a la vida a través de su obra.

Pero es también el primer paso de lo que esperan sea un gran recorrido que lleve la exposición por diferentes ciudades del país. Las obras, decía Jaime, necesitan ser vistas para existir, y su obra no sólo debe ser vista, sino investigada. A eso apunta la familia y todo el equipo que los acompañó en el montaje, a crear un archivo y ponerlo a disposición de otros artistas y estudiantes que quieran investigar la obra de Jaime y lo que su trayectoria representa para el arte en el país.

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