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La Espera

04 de abril de 2026
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Por Lewis Acuña - www.lewisacuña.com

No fue como en todos esos videos virales. El perro era adulto, pero no viejo. Su raza parecía tener más árboles genealógicos que el parque donde lo encontraron deambulando de cachorro y quizá por ello permaneció tanto tiempo en el refugio de adopción. No tenía pedigree y le sobraba calle.

El perro se subió con calma a la silla trasera del carro a la que era guiado. No movió enérgicamente su rabo, no dio grandes saltos, no ladró. Solo se sentó y puso su cabeza en la ventana. Era tranquilo, gentil y obediente. Pero las personas llegaban buscando cachorros y cuando él lo fue, nunca lo eligieron.

Pasaron frente a él una y otra vez. Brinco, ladró, se agitó, abanicó su rabo con fuerza y las veía irse con alguno de sus compañeros de refugio. Pareciera que su gran momento, lo tomó con calma.

Su actitud no era apática. Era la de sobreviviente de la calle y el refugio, del que esperó suficiente. No salió como el perro que nadie quiso, ni el número de registro que fue su nombre temporal por tanto tiempo.

Salió como el perro de alguien. Su lugar no sería más el rincón donde observaba ya sin inmutarse. La mano que ahora acariciaba su cabeza, era promesa. La promesa pospuesta de un hogar, de un lugar cálido, de noches tranquilas en la cama de alguien, de paseos.

Una oportunidad de cumplir con ese propósito intangible de los perros de acompañar a alguien. No habría más espera, estaría en casa.

Lo que se construye en la espera es la razón de la espera.

Hay quienes esperan tanto que en algún momento dejaron de creer que algo vendría. Aprendieron a administrar lo que había y se volvieron expertas en vivir sin lo que más necesitaban. Fue su forma de seguir en pie.

El problema es cuando algo llega después de todo ese tiempo, porque recibir también se aprende y quien esperó mucho, recibe distinto. Con más cuidado, con menos certeza, con la pregunta de si eso también va a irse.

El amor que parece llegar tarde no encuentra a nadie roto. Encuentra a alguien habituado a ser suficiente para sí mismo, y eso es hermoso... pero complicado al mismo tiempo, porque es normal creer que es una trampa de la esperanza, pero es algo más preciso.

La espera no es el tiempo que pasa entre lo que se quiere y lo que llega. Es el tiempo en que se construye la capacidad de recibirlo. Hay amores que no llegaron antes porque antes no había dónde ponerlos, porque quien los esperaba todavía estaba aprendiendo a ser suficiente, a no depender de la llegada para estar completo.

El amor no tarda. Encuentra, y cuando da con el lugar exacto, no necesita explicar por qué demoró, porque la demora era parte de lo que hacía posible su llegada.

Es así de simple de decirlo, pero no es fácil de entenderlo y esa es la lógica más honesta del afecto.

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