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Por Juan José Aramburo De Bedout - opinion@elcolombiano.com.co

Colombia necesita un Chief Growth Officer

Un Chief Growth Officer no es un lujo. Es la pieza que le falta a la estrategia económica del país.

hace 1 minuto
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  • Colombia necesita un Chief Growth Officer

Por Juan José Aramburo De Bedout - opinion@elcolombiano.com.co

Colombia no está perdiendo por falta de activos. Está perdiendo por falta de estrategia. Tiene biodiversidad única, talento creativo, ciudades en transformación y una ubicación privilegiada en el mundo. Sin embargo, sigue sin capturar todo su potencial en turismo, inversión extranjera y posicionamiento global. El problema no está en lo que el país es, sino en cómo se organiza para competir.

Hoy la promoción internacional de Colombia está fragmentada en ProColombia, ministerios, regiones y esfuerzos privados. Cada uno cumple un rol importante, pero no existe una función clara responsable de algo fundamental: generar demanda internacional con foco en resultados económicos. Lo hacen países que sí compiten: gestionan crecimiento.

El mundo cambia rápido. Tensiones geopolíticas, incertidumbre en destinos tradicionales y nuevas prioridades de vida reconfiguran los flujos globales de turismo, inversión y talento. Millones de personas replantean dónde viajar, invertir e incluso vivir. En ese contexto, surge una idea simple pero poderosa:

Los que no irán, vendrán. La demanda global no desaparece, se redistribuye. Y los países que entienden esto no esperan a que llegue: la diseñan, la capturan y la convierten en crecimiento. Portugal, con 10 millones de habitantes, generó USD 27.000 millones en turismo en 2024. Colombia captó USD 6.200 millones. La brecha no se explica por lo que somos. Se explica por la arquitectura que tenemos — o que nos falta.

Para aprovechar esta oportunidad, el país necesita una figura que hoy no existe: un Chief Growth Officer. No se trata de un cargo más ni de una nueva capa de burocracia, sino de una función estratégica enfocada en resultados medibles. Su mandato sería claro: maximizar ingresos externos del país a través de turismo de alto valor, inversión extranjera directa y posicionamiento global.

Modelos similares ya existen. VisitBritain retorna £28 por cada £1 invertida. Las Vegas Convention and Visitors Authority ha convertido una narrativa consistente en una industria de USD 82.000 millones anuales. La diferencia no es solo presupuestal. Es conceptual. Estos modelos no hacen campañas: construyen demanda.

En la práctica, este rol podría estar detrás de liderar la candidatura para traer la Fórmula 1 a Barranquilla — un Gran Premio genera más de USD 1.000 millones e impacto en medios a 100 millones de personas. O de iniciar la postulación para el Mundial de Fútbol 2038, cuya ventana se abre. O negociar con aerolíneas rutas directas desde mercados de alto valor a Medellín, Cali y Cartagena. O de construir con Hollywood la próxima gran historia situada en Colombia — lo que Comer, Rezar, Amar hizo por Bali o Emily en París por Francia. Iniciativas concretas, con retorno medible, que hoy no tienen un responsable claro.

Un CGO Colombia articularía sector público y privado bajo una narrativa país, priorizaría mercados de alto valor y mediría el impacto en variables concretas: ingresos por turismo, gasto por visitante, inversión captada. Esta figura solo tendría sentido sobre bases sólidas: seguridad, estabilidad institucional y reglas claras. Sin eso, cualquier esfuerzo de posicionamiento pierde credibilidad. Con esas bases, el potencial es enorme.

Colombia puede convertirse en un destino aspiracional global, no solo por lo que tiene, sino por cómo lo cuenta y lo proyecta al mundo. Más que promocionarse mejor, el país necesita crecer mejor.

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