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La campaña electoral: entre promesas, confrontación y esperanza

El gobernante conveniente para el país es aquel que garantice mantener y fortalecer el sistema democrático y rechace el autoritarismo.

hace 2 minutos
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  • La campaña electoral: entre promesas, confrontación y esperanza

Por Armando Estrada Villa - opinion@elcolombiano.com.co

Los sucesos, factores y circunstancias que configuran la actual coyuntura política en Colombia son, entre otros, la fase final del gobierno de Petro, la fuerte polarización política, el fin de la campaña electoral con 14 candidatos inscritos, las encuestas, el “Tarimazo” y la parranda en la cárcel de Itagüí, la decisión de la Corte Constitucional sobre la emergencia económica, la violencia y la inseguridad, la rebaja de la calificación de Standard & Poor’s, el problema de los pasaportes, Ricardo Roa y Ecopetrol, el conflicto entre Ecuador y Colombia, el enfrentamiento entre el gobierno y la junta del Banco de la República, los bloqueos como expresión de protesta social, la crisis de la salud y la lucha entre la continuidad del gobierno de Petro y las fuerzas de la oposición que buscan conquistar el poder.

Debe reconocerse que esta coyuntura impacta significativamente las determinaciones de los candidatos y los partidos, sus estrategias y tácticas y, sin duda alguna, las decisiones de los ciudadanos al momento de votar. No voy a referirme a lo que realizan o deben realizar los candidatos en procura de ganar las elecciones, sino a lo que pueden considerar los ciudadanos razones válidas para orientar su voto, con base en la forma como planteen los candidatos su eventual gobierno y el modo como entienden y practican la política.

El gobernante conveniente para el país es aquel que garantice mantener y fortalecer el sistema democrático y rechace el autoritarismo, se comprometa a preservar y afianzar las libertades y derechos concretos que disfrutan hoy todos los colombianos, que en sus actuaciones predomine la tolerancia con ideas contrarias por disímiles que sean y no la descalificación ni la violencia física o verbal, que promueva las condiciones adecuadas para que el indispensable cambio social que debe llevarse a cabo, permita a los grupos desfavorecidos superar la situación de pobreza y desigualdad y participar sobre una base equitativa en la supervivencia, prosperidad y progreso de la comunidad.

Y en materia política es imperioso que los políticos la comprendan y ejecuten como un tipo de actividad moral, en la que la posibilidad de progreso depende de la capacidad de diálogo en búsqueda de acuerdos y consensos, para que se ejerza el poder sobre comunidades y partidos plurales sin acudir a la amenaza o a la violencia, ya que toleran y comprenden las posiciones políticas contrapuestas sin ánimo de destruir ninguna, con una posición racional frente a los problemas y sus soluciones, alejados de las promesas irrealizables de hacer de Colombia un paraíso donde todos sean felices, pues saben bien que si no pueden resolver todas las dificultades, si pueden trabajar en muchos frentes para mejorar el nivel de vida de los más pobres y vulnerables.

De mi parte, considero que los que más se acercan a estos enfoques de buen gobierno y buena política son Paloma Valencia y Sergio Fajardo por su trayectoria, pulcritud, moderación y conocimiento del manejo de los asuntos estatales. Pero son los ciudadanos con sus temores, ambiciones, intereses, preocupaciones y esperanza los que identifican las oportunidades y amenazas que ofrecen los distintos candidatos y deciden votar por el que estimen más competente para gobernar a Colombia y remediar sus conflictos.

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