Intentó muchas veces conquistar “el infierno” y por fin lo logró. Había visto cómo se le escapaba, en los últimos metros del velódromo de Roubaix, al norte de Francia, la posibilidad de entrar a la historia. En la edición de 2022 fue segundo. En 2023 tercero. Este año, después de pasar los adoquines más incómodos del ciclismo mundial, el belga Wout Van Aert por fin alcanzó el título que tanto soñó en su condición de clasicómano: La París-Roubaix.
Por eso el llanto desconsolado después de cruzar la meta, cuando se abrazó con un miembro del staff del Visma Lease a Bike, su equipo, en la parte de afuera del velódromo. Alcanzar uno de los sueños más grandes de su carrera como deportista de alto rendimiento fue el motivo por el cual Wout sonrió como un niño al que por fin le dan el dulce que quiere, cuando su esposa e hijos se acercaron a él.
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