Antioquia concentra la mayor población víctima del conflicto armado en el país: más de 1.955.000 personas reconocidas a abril de 2026, según la Unidad para las Víctimas. Entre ellas hay afectados por desplazamiento forzado, homicidios, desaparición forzada y despojo de tierras. Este miércoles, desde distintos rincones del departamento, sus comunidades se detuvieron a recordarlas.
En el parque de Andes, municipio del Suroeste antioqueño donde el recrudecimiento de la violencia de los grupos armados ilegales vuelve a hacerse sentir, una carpa acogió a los asistentes frente a una tela con recortes de noticias sobre los atentados que ha sufrido el municipio. Con pinceles en mano, los presentes trazaron sus anhelos de transformación y paz.
En Campamento, al norte del departamento, funcionarios públicos y víctimas se reunieron en la inauguración del Salón de la Memoria, ubicado en la Casa de la Cultura. Alrededor de un mandala de flores y velas, un micrófono pasó de voz en voz: cada palabra hacía memoria y encendía la esperanza de la no repetición.
En el Urabá, San Juan de Urabá conmemoró la fecha con retratos dispuestos bajo el sol en el parque, una bandera del país rodeada de velas y siluetas en el suelo. El bullerengue —con tambores, palmas y aplausos— resonó entre los presentes como expresión de duelo y resistencia cultural.
Además de estos, muchos de los 125 municipios también encontraron sus formas propias de expresar solidaridad y acompañamiento a las víctimas y sus memorias.
¿Por qué se conmemora hoy?
La fecha no es casual. En 2011, la Ley de Víctimas estableció el 9 de abril como el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, para reconocer a las más de 9 millones de personas afectadas por el conflicto en Colombia y promover espacios de memoria histórica. La elección de esta fecha evoca el asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948, hecho que desencadenó el Bogotazo y marcó un hito de violencia política en la historia del país.
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